lunes, 19 de abril de 2010

La aventura del héroe

En la vida hay momentos de cierta tranquilidad que nos permiten disfrutar de la comodidad de la rutina diaria. Pero a veces tenemos que pasar por experiencias difíciles, en las que vemos el peligro de cerca y que, para superarlo, nos vemos obligados a realizar un gran esfuerzo.

Son innumerables las posibilidades de crisis que podemos sufrir: enfermedades, accidentes, quedarse sin trabajo, sin dinero o sin pareja. Ya se sabe que forman parte de la vida y que son, hasta cierto punto, inevitables. No hay más remedio que enfrentarse al dolor, a la pérdida, al fracaso y a la muerte. Pero de hecho son experiencias arquetípicas y la capacidad para superarlas está en nuestro interior, formando parte de lo que se llama inconsciente colectivo (nuestra conexión profunda con algo más grande).

Una metáfora utilizada en coaching que resulta eficaz para afrontar este tipo de desafíos es “la aventura del héroe”, basada en el trabajo del reconocido mitógrafo Joseph Campbell. Campbell recopiló diversas leyendas y tradiciones populares, descubriendo ciertos patrones comunes a todas ellas, siendo la esencia fundamental que la conciencia del hombre se expande al enfrentarse y superar desafíos. Así es como hemos evolucionado desde el principio de los tiempos.

Según Campbell, la aventura del héroe consta de diferentes etapas que, de una forma simplificada son: el exilio, las primeras pruebas, el enfrentamiento y el regreso.

La aventura empieza con el “exilio del héroe”. La vida era más o menos plácida y rutinaria hasta que algo inesperado ocurre. Es la llamada del destino, que a veces el héroe intenta ignorar o rechazar, pero que finalmente acaba aceptando. Una vez toma la decisión de emprender el viaje, cruza el umbral y ya no hay vuelta atrás.

Se adentra en territorio desconocido, sin saber con qué se va a encontrar y viéndose obligado a actuar con rapidez, resolviendo los imprevistos que se le presentan. Son las primeras pruebas. Puede ocurrir que el héroe se pierda: todo lo ve oscuro, ya que ha ido a parar al "vientre de la ballena", del que sólo puede salir encendiendo “la luz del conocimiento”. Pero en los momentos críticos siempre aparecen guías o aliados que le salvan del peligro, ya que el héroe por sí solo no podría conseguirlo, necesita la ayuda de otros.

Cuando tras mucho esfuerzo se acerca a su objetivo, se le cruza “el guardián de los infiernos”. Suele tratarse de un obstáculo, aparentemente insalvable, que representa lo peor que podría pasarle. Aunque en el fondo, este “demonio” no es más que una proyección de su propia sombra, sus propios miedos. El guía le proporciona la clave para derrotarlo: confiar en uno mismo y en "algo más grande" para reunir el valor suficiente y enfrentarse al destino, a pesar del miedo. Es la integración de los opuestos: la luz de la conciencia destruye la oscuridad de la ignorancia, el amor transforma el odio. Y de ello surge una nueva realidad. Es la apoteosis del héroe.

Una vez conseguido el objetivo, el héroe emprende el camino de regreso a su comunidad. Pero lo hace renovado, con una nueva conciencia de sí mismo y con más poder personal. Entonces puede contar a otros su experiencia y transmitir sus nuevos conocimientos acerca de la vida. Su aventura ha terminado.

En cierto sentido, todos llevamos un héroe dentro, esperando el momento oportuno para manifestarse. Y ya estamos viviendo nuestra aventura, que es la vida. Tomar conciencia de ello es aprovechar -y honrar- el legado de nuestros antepasados. Es algo que llevamos en nuestros genes y en nuestro inconsciente colectivo.

Dr. Alex Santos Forrellad