viernes, 29 de enero de 2010

El despertar de la marmota

El día de la marmota es una conocida tradición norteamericana, que muchos recordarán por la película “Atrapado en el Tiempo”. Se celebra a principios de febrero y, de forma resumida, el ritual consiste en hacer salir a una marmota de su madriguera, con la intención de determinar lo que queda de invierno. Si al salir, la marmota ve su propia sombra, se da la vuelta y vuelve a su madriguera, lo que indica que aun quedan 6 semanas de invierno. Si, por el contrario, no ve su sombra, entonces sigue su camino con toda confianza, ya que supone que lo peor del invierno ya ha pasado.

Bien, pues algo parecido pasa con las personas atrapadas en sus madrigueras de rutinas y comodidades, protegiéndose del frío y amenazante mundo exterior.

Es un fenómeno curioso que se observa durante el proceso de
coaching, cuando una persona toma la decisión de hacer algo por su vida. Tras revisar las diferentes opciones, las ideas se ponen en orden y se empieza a tener claro lo que se debe hacer. Entonces, en el momento de tomar la decisión, aparece el miedo y las dudas. Eso son las sombras que aparecen al “salir de la madriguera” y tiene que ver con antiguos fracasos o decepciones.

La sombra constituye todo aquello que llevamos dentro pero que no somos capaces de ver, aceptar o transformar. Es el resentimiento por injusticias que hemos sufrido (como si alguien tuviera que pagar por ello). Es el miedo al fracaso, a la pérdida, al rechazo. Son las debilidades, falta de confianza y cosas que nunca contaríamos a los demás.

Hay que aceptar que la sombra forma parte de la vida y supone una experiencia necesaria para evolucionar. Y si no se aprende a manejar este tipo de sentimientos, es mejor volver a la madriguera, en espera de tiempos mejores.

El coaching enseña a utilizar adecuadamente esta sombra, descubriendo los recursos que se esconden tras ella. En el fondo, es la luz de la conciencia la que hace desaparecer la sombra, transformándola en experiencia útil para afrontar situaciones difíciles, incluso en las condiciones adversas del invierno.

El punto de atención principal es “no pretender esconderse de la propia sombra”. Y si al salir de la madriguera, aún ves la sombra, no hagas como la marmota. Despierta y atrévete a salir.

Dr. Alex Santos Forrellad

jueves, 14 de enero de 2010

¿Qué te impide pasar a la acción?

Una de las tradiciones de cada principio de año es proponerse cambios. Puede que sea perder peso o dejar de fumar, o cualquier hábito que, de una forma u otra, provoque un incómodo sentimiento de culpabilidad.

Pero llevar a la práctica este tipo de objetivos no resulta fácil, como si algo nos impidiera pasar a la acción. Y es que en el fondo y sin saberlo, estamos luchando contra partes de nosotros mismos, que también tienen sus motivaciones ocultas. Estas partes inconscientes tienen que ver con valores y capacidades que no sabemos apreciar o reconocer, pero que involucran una gran cantidad de energía psíquica o emocional.

Además, la tendencia natural del inconsciente es buscar un estado inmediato de bienestar y comodidad, para contrarrestar las tensiones habituales. Todo esto hace que la fuerza de voluntad se debilite y resulte difícil ponerse en marcha para conseguir el objetivo. Después de tanto esfuerzo, el resultado puede ser decepcionante y la sensación de fracaso no invita a intentarlo de nuevo.

Aplicando técnicas de
coaching o de hipnoterapia, se pueden descubrir las supuestas motivaciones inconscientes que impiden pasar a la acción.

En primer lugar hay que asegurarse de que "la parte que quiere" realmente lo quiere. Es decir, prestar atención a las auténticas motivaciones, ya que a veces el objetivo que tratamos de imponernos o bien no nos lo creemos o bien no nos importa tanto como parece.

En segundo lugar atender a "la parte que no quiere". Esto implica relajarse un poco, igual que en los estados de trance o de meditación, para poder llevar la atención al interior de uno mismo. De esta forma, quizá podamos descubrir que hay aspectos profundos más importantes que deben ser tenidos en cuenta antes de tomar una decisión. Estos aspectos suelen ser actitudes personales ante la vida y ante uno mismo, en forma de un exceso de autoexigencia o autocrítica.

En general, tenemos la tendencia a evitar las incomodidades. Pero si reflexionamos un poco, nos daremos cuenta que la auténtica confianza en uno mismo se obtiene aceptando retos y aguantando situaciones incómodas.

Entonces ¿para qué esperar a pasar a la acción? A fin de cuentas, el no hacerlo nos va debilitando poco a poco y acaba siendo peor. Se trata de establecer una meta, preparar un plan y, una vez se ha tomado la decisión, sólo queda dar el salto”.

Dr. Alex Santos Forrellad