miércoles, 16 de diciembre de 2009

Más allá de la confianza

Las palabras son un código para descifrar nuestra realidad interior. Cualquier cosa que existe tiene un nombre, aunque a veces no sepamos ese nombre. En nuestro cerebro, las palabras nos conectan con determinadas experiencias y sus correspondientes imágenes, sonidos y sensaciones, afectando a diferentes áreas del sistema nervioso. Las palabras, escritas o pronunciadas, nos pueden hacer sentir emociones, pueden influir sobre nuestra conducta, nuestra forma de pensar y, a veces, nos pueden cambiar la vida.

Una de las palabras con más poder para cambiar las cosas y que resulta clave en las relaciones humanas es la confianza. En este sentido, lo que hay más allá de la palabra confianza es un sentimiento profundo hacia la vida, que es un reflejo de la relación íntima con uno mismo.

Y ya se sabe que, cuando se pierde la confianza, cuesta mucho recuperarla. En
coaching personal hay dos maneras de recuperar la confianza perdida.

Una de ellas consiste en prestar atención a la sensación interna de falta de confianza, pero con la siguiente premisa “la confianza sigue estando ahí dentro, lo único que se ha perdido es la conexión con ella”. Entonces el proceso de coaching va encaminado a reconocer y conectar con esa sensación agradable de certeza a la que llamamos confianza, observando qué tipos de actitudes o de comportamientos influyen en esa sensación, aumentándola o disminuyéndola. Esto es desarrollar la conciencia de tener confianza.

Otra manera de recuperar la confianza es mediante la acción. Para que la confianza vuelva a ser “operativa” no hay más remedido “salir del área de comodidad” y emprender nuevos retos. Es importante la capacidad de
aceptar las circunstancias y asumir riesgos, valorando más el hecho de atreverse a pasar a la acción, que los resultados obtenidos. Por supuesto, cuando los resultados empiezan a encajar con las expectativas, es cuando se recupera la confianza.

El principal enemigo de la confianza es el miedo al fracaso, ya sea en forma de rechazo, pérdida, decepción o dolor de cualquier tipo. Es aquello de ¿y si no me sale bien? ¿qué voy a hacer? No atreverse a tomar decisiones, o a actuar, es ya de por sí un auténtico fracaso.

En este caso, el objetivo del coaching es conseguir que la persona aprenda a confiar en sí misma. Para ello es imprescindible saber manejar la sensación de fracaso y de incertidumbre. Cuando las cosas salen bien, es fácil tener confianza, pero la verdadera confianza se adquiere cuando las cosas van mal. Los momentos de crisis son una oportunidad para desarrollar la confianza. Ahí es donde la capacidad de calmar la mente y confiar, aunque sea con las palabras que pueda decirse uno mismo, nos va a ayudar a conseguir el auténtico éxito.


Dr. Alex Santos Forrellad

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Aprender a soltarse

Es habitual en muchas personas la tendencia a controlar su propia vida (y a veces también la de los demás). Este control significa analizar, organizar y planificar todo lo posible los acontecimientos de la vida diaria, con la intención de prevenir problemas y conseguir una anhelada sensación de seguridad.

La idea es buena, en el sentido de que es un buen hábito en sí mismo, ya que resulta útil en muchos aspectos. El problema es que dificilmente se consigue la sensación de bienestar que uno espera. Más bien ocurre lo contrario, es decir, genera ansiedad. Y encima, cuando los planes no salen, produce una intensa sensación de frustración.

Con el tiempo, este hábito puede llevar a un círculo vicioso. La sensación de ansiedad y frustración aumenta la tendencia al control. Pero por mucho que uno intente controlar, las cosas van como van (en la vida hay muchas experiencias que no podemos evitar que ocurran). Es decir, cuanto más control, más ansiedad. Y cuánta más ansiedad, más tendencia a controlar.

A nivel físico, el exceso de control produce tensión, que se refleja sobretodo en los músculos de la región cervical (actitud natural de controlar). El miedo a fallar o a que las cosas no salgan como uno espera, también tensa los músculos de la región lumbar y sobre-estimula el sistema nervioso (palpitaciones, respiración acelerada, opresión en el estómago).

A nivel psicológico provoca un agotamiento mental, ya que el exceso de pensamientos consume energía (tanto en el cerebro como en los músculos). Y además va erosionando poco a poco la confianza en uno mismo (y por lo tanto la confianza en los demás).

El resultado final es convertirse en un personaje obsesivo del control, sufriendo contracturas musculares en hombros, cervicales o espalda (incluso puede producir crisis de vértigo) y sensación de ansiedad, con dificultad para relajarse y problemas para dormir.

Visto así, asusta un poco. Pero es lo que hay. En muchos casos esta situación es casi inconsciente y, mientras el cuerpo aguante, uno sigue haciendo lo mismo.

¿Y qué se puede hacer? Pues re-aprender a relajarse. Soltarse un poco, aunque sea ir a bailar de vez en cuando. El ejercicio físico ayuda, excepto cuando se hace de forma obsesiva.

Desde el punto de vista de la hipnoterapia, lo más importante es aprender a estar con uno mismo. Aceptar, acompañar y “escuchar” la sensación de ansiedad.

En el fondo del inconsciente suele haber una necesidad de reconocimiento (o de auto-aceptación), ya que vivimos en un mundo en que parece que sólo se nos valora por lo que tenemos, más que por lo que somos. Y si uno no empieza por aceptarse a sí mismo, ¿quién lo va a hacer?
Dr. Alex Santos Forrellad