viernes, 27 de noviembre de 2009

¿Apretar o aflojar?

Hay dos actitudes básicas en la vida. Tienen que ver con el grado de concentración y la forma de actuar ante determinadas circunstancias. En coaching se consideran importantes para mantener lo que se conoce como equilibrio entre tarea y relación.

Una de estas actitudes consiste en tomarse las cosas en serio, “ponerse las pilas” y apretar con fuerza, concentrando la atención en lo que se hace y diferenciando claramente lo correcto de lo incorrecto. Como es natural, esta actitud resulta adecuada para afrontar el trabajo y las responsabilidades, y permite conseguir metas en la vida a través del esfuerzo, la disciplina, el rigor y el compromiso con los demás.

La otra manera es más relajada, es tomarse las cosas con calma, buscando el lado agradable y divertido, con un cierto desapego, relativizando valores y normas de conducta. Permite disfrutar de la vida, ayuda a descubrir una nueva conciencia en cualquier experiencia y favorece la expresión de la creatividad.

Está claro que los valores de cada persona van a influir en la forma de expresar estas actitudes. Los problemas empiezan cuando la persona queda excesivamente atrapada en cualquiera de las dos, y entonces se llevan al extremo o se emplean fuera de contexto.

¿Qué ocurre si nos tomamos las cosas demasiado en serio?
Cuando uno se agarra con fuerza a sus valores y a las reglas de conducta, genera tensión en sí mismo y en los que le rodean, dificultando la consecución de los objetivos. El extremo es la rigidez mental, el fanatismo y las actitudes fundamentalistas, que acaban provocando rechazo y violencia. Ejemplos los tenemos en el mundo de la empresa -jefes tiranos-, la familia -padres estrictos- o en cualquier área de la vida, cuando el deporte, la salud o las relaciones, se viven con excesiva intensidad.

¿Y qué pasa cuando estamos demasiado relajados?
La falta de rigor y de concentración impide conseguir objetivos, ya que no hay suficiente fuerza, ni disciplina para llegar a nada. Dominan los impulsos hacia la comodidad y el dejarse ir. El extremo es la apatía, el egoísmo y la ineptitud. Las consecuencias son comportamientos compulsivos, sensación de fracaso y estados depresivos.

¿Qué es mejor, apretar o aflojar?
Está claro que, en la vida, apretar o aflojar depende de las circunstancias, pero en general, se puede decir que si uno quiere conseguir objetivos tiene que apretar, y si quiere además disfrutarlos, tiene que saber aflojar. La clave es encontrar el equilibrio entre ambos: “Es como sostener un pajarito entre tus manos, si aprietas demasiado, lo ahogas; si aflojas demasiado, se escapa”.
Dr. Alex Santos Forrellad

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Si te sientes bloqueado...

A lo largo de la vida, una de las experiencias que puede resultar más desagradable es quedar bloqueado en el mismo problema una y otra vez, como si se tratara de un patrón que se repite de forma cíclica.

Cada cual tiene sus puntos vulnerables: dificultades en el trabajo, la pareja, el dinero o la salud. El caso es que justo ahí, en el lugar más sensible, es donde el destino golpea con fuerza cada cierto tiempo. Y cuando crees que lo has superado aún es peor, porque te pilla por sorpresa y duele más. Así pues, a pesar de los esforzados intentos por superar la situación, la sensación de fracaso o de impotencia puede ser tan intensa, que produce un bloqueo.

No es necesario describir las sensaciones físicas, emocionales y mentales de un bloqueo, ya que cada uno conoce de sobras el suyo. Se caracteriza por la incapacidad de encontrar la solución, ya que las habilidades y conocimientos que uno posee, no funcionan.

Entonces... ¿Qué se puede hacer cuando estás bloqueado? La respuesta es nada. A menos de que seas capaz de cambiar tu estado de conciencia para buscar la solución, es mejor no hacer nada, ya que todo puede salir mal y, si eres persistente, saldrá peor.

Cambiar el estado de conciencia se puede hacer de varias formas y no todas resultan útiles. El alcohol, los porros, los ansiolíticos y otras drogas pueden cambiar la conciencia, pero no siempre ayudan a encontrar la solución (suelen crear más problemas).

Lo más adecuado es desarrollar la capacidad de entrar en estado de trance generativo. Hay personas que saben hacerlo de forma espontánea. La idea es tratar de escapar temporalmente de la situación problema y concentrar la atención en algo que resulte agradable (hacer deporte, pasear por la playa…). Una vez ha cambiado el estado mental, hay que aprovechar para desarrollar nuevas ideas, no sólo acerca de la situación a resolver, sino también sobre los valores personales y la relación con uno mismo.

Los bloqueos ponen en evidencia los límites de nuestra mente consciente, con los valores y creencias que tenemos acerca de la vida. A menudo confundimos nuestra visión de la realidad con la realidad misma. Si somos capaces de cambiar nuestra mente, siendo más flexibles y abiertos, nuestra confianza en la vida aumenta. Si nos resistimos a cambiar o tratamos de huir, llega un momento en que una parte de nosotros empieza a morir.

La clave es comprender que un bloqueo se puede transformar en una gran oportunidad de cambio personal.

Dr. Alex Santos Forrellad

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Miedo a las crisis de ansiedad

Sufrir una crisis de ansiedad es una experiencia tan desagradable, que asusta sólo pensar en que se pueda repetir.

Una de las consecuencias más habituales en las personas que han sufrido este tipo de crisis, es que se limita su libertad personal. A veces puede ser un nudo en el estómago o una sensación de falta de aire, que se acentúa cuando uno tiene que ir a determinados sitios o hacer cosas que están fuera de la rutina habitual. En otros casos la sensación de miedo es más intensa y aparece al salir a la calle o incluso al quedarse solo en casa. Si no se hace un tratamiento adecuado, puede ir a más, impidiendo llevar una vida normal.

El miedo es una respuesta biológica natural ante situaciones de amenaza. En sí mismo no es algo negativo. Lo que ocurre es que nuestro cuerpo, o sea, nuestro sistema nervioso, no distingue si la amenaza es real o está sólo en la mente.

Si uno piensa en que algo malo va a suceder, el cuerpo reacciona con palpitaciones, sudor, ansiedad, sensación de ahogo y temblor. Llega un momento en que al sentir cualquiera de estos síntomas, ya se produce una intensa reacción de miedo. Es el miedo al miedo.

El tratamiento farmacológico permite controlar los síntomas, pero no trata la causa. La solución es desarrollar la capacidad de dominar el miedo. El miedo forma parte de la naturaleza humana y constituye un mecanismo de defensa. Pretender eliminar el miedo es absurdo. Pero todos tenemos la capacidad de dominarlo.

El trance generativo, al igual que otras técnicas de relajación, permite conseguir el estado mental adecuado para sentir el miedo sin quedarse atrapado por él. De esta forma uno aprende a manejar su propio miedo.

El siguiente paso en el tratamiento es descubrir qué es lo que realmente está produciendo el miedo. Generalmente es debido a experiencias que han afectado al inconsciente y que no han sido correctamente asimiladas. Esto suele producir falta de confianza en uno mismo o dificultad para confiar en los demás. Recuperar la confianza equivale a eliminar la ansiedad.

A fin de cuentas es inevitable tener miedo, lo que sí puedes evitar es que el miedo te tenga a tí.

Dr. Alex Santos Forrellad