miércoles, 26 de agosto de 2009

Beneficios de la Hipnoterapia

Una de las características especiales de la hipnoterapia es el empleo del estado de trance para mejorar síntomas o resolver problemas personales.

Al contrario de lo que habitualmente se cree, en el trance hipnótico no se pierde la conciencia. Según la técnica que se utilice, la conciencia puede aumentar, es decir, se está más “despierto” que en estado normal.

El trance es un estado natural de la experiencia humana. A veces se produce espontáneamente: cuando contemplamos un paisaje, o cuando estamos con una persona que nos resulta muy agradable -que parece que nos “hipnotiza”-, o simplemente cuando estamos viendo una película interesante. En todos estos casos la atención está intensamente enfocada en algo. Eso es trance.

En la hipnoterapia se usa ese estado para descubrir las actitudes o comportamientos que nos están causando -o manteniendo- realmente el problema. Porque -no nos engañemos- cuando algo funciona mal en la vida, es muy probable que estemos haciendo algo que no deberíamos hacer, o que no estamos haciendo aquello que precisamente deberíamos hacer.

Pero lo cierto es que generalmente tratamos de engañarnos y hacer como que la culpa de todo es del otro o de las circunstancias. El trance nos enfrenta a nuestra propia realidad interna y a nuestra verdad. Hay mucha gente a quienes eso no les gusta. Vivimos en una época en que es más fácil -e incluso apetecible- dejarse engañar con tal de seguir pasándolo bien o evitar afrontar responsabilidades y riesgos.

Hay personas que les da miedo la hipnoterapia porque creen que les van a manipular, cuando en realidad -lo más probable- es que estén ya manipulados por todo el mundo: por la tele, la familia, las apariencias, las modas y por lo propios deseos y pensamientos.

A veces, para aliviar un síntoma, resolver un problema o mejorar la propia vida, no hay más remedio que enfrentarse a la realidad de las cosas, en ocasiones se necesita ayuda. La hipnoterapia ofrece la oportunidad de entrar dentro de uno mismo y ver que pasa y descubrir que te gustaría que pasara... y cómo hacerlo.


Dr. Alex Santos Forrellad

miércoles, 19 de agosto de 2009

Aprovecha bien tu tiempo libre

Una de las metas más comunes de la mayoría de personas es poder disponer de tiempo libre. Pero cuando por fin nos libramos de las obligaciones del trabajo y de las tareas domésticas, no siempre resulta fácil emplear el tiempo de ocio de una forma útil. Y me refiero útil para uno mismo, que produzca una auténtica sensación de satisfacción.

El “no hacer nada” puede resultar reparador para la mente y el cuerpo durante un cierto período de tiempo. Por ejemplo, al empezar las vacaciones es habitual que en los primeros días se produzca una especie de “descompresión” física y mental, que en algunos casos se puede acompañar de cierta ansiedad, irritabilidad e incluso síntomas físicos como dolor de cabeza, faringitis, insomnio. En estos casos, lo más adecuado es hacer lo que pide el cuerpo, es decir, descansar.

Sin embargo, una vez recuperado el estado normal, es aconsejable practicar lo que se llama ocio activo. Hay quien ya sabe lo que va a hacer: practicar su deporte favorito, leer, o cualquier actividad que requiera un mínimo de concentración. Esto ayuda a que uno se mantenga centrado y, de alguna forma genera energía física y mantiene la mente despierta.

En cambio, hay “prácticas” excesivamente pasivas, que nos vacían la energía y atontan la mente. La más típica es “sofá+tele”, que se puede aderezar, según el gusto con cerveza, comida basura, porros. Como decía uno de mis profesores de coaching, es el síndrome “sofá -patata”, que con la práctica uno acaba convertido en una especie de patata deforme aplastada en el sofá, con el cerebro contaminado por programas de TV, que aumenta la compulsión consumista.

El resultado de este “ocio pasivo” es que, cuando se acaban las vacaciones o el fin de semana, uno se siente vacío y sin ganas de hacer nada. Y además la sensación desagradable de haber perdido el tiempo...

No es necesario acudir a un experto en coaching para remediar esa situación. El punto clave es tener la intención de hacer algo: se trata de establecer un plan de acción y hacer el esfuerzo necesario (a veces mínimo) para ponerlo en marcha. A partir de aquí, la satisfacción que genera, sirve para mantener la motivación. La sensación interna resultante es muy distinta y, cuando se acaba el período de fiesta, nos permite volver con más energía.


Dr. Alex Santos Forrellad

miércoles, 12 de agosto de 2009

Sobre las amistades y las decepciones...

Uno de los factores que más influye en la calidad de vida son las relaciones con otras personas. De hecho, nuestro sentido de identidad -quienes somos- viene determinado por las personas con las que habitualmente nos comunicamos, tanto en el trabajo como en el tiempo libre.

Pero al estar tan condicionados -social y culturalmente- a desarrollar nuestra capacidad profesional, a veces, el trabajo absorbe casi toda nuestra energía y nuestro tiempo, por lo que apenas sobra nada para las relaciones sociales.

Y si además tenemos problemas con los amigos, nuestro nivel de tensión interna puede aumentar de forma importante.

Una experiencia bastante habitual en las relaciones, tanto las de amistad como las de pareja, es el sentimiento de decepción... ¿A quién no le ha ocurrido alguna vez?

Si te equivocas con frecuencia en la elección de tus relaciones: amigos, pareja, compañeros de trabajo, es que algo está pasando y no te das cuenta.

El coaching puede ser útil en el área de relaciones sociales y de pareja, ya que te permite darte cuenta de los hábitos de conducta o “programas mentales” inconscientes que, a veces, impiden aprender de la experiencia.

Por ejemplo, para decepcionarse, es necesario haber generado previamente unas expectativas algo exageradas, pero de forma inconsciente. Una cosa es confiar en los demás, que implica estar abierto y receptivo, y otra muy distinta es hacer suposiciones, sobrevalorando virtudes y evitando prestar atención a incongruencias en la otra persona.

Pero... ¿Qué es lo que nos lleva a caer una y otra vez en la misma situación?


La respuesta es que necesitamos sentirnos importantes para alguien, ser escuchados y comprendidos, compartir momentos especiales. Con tal de experimentar ese tipo de sensaciones agradables, somos capaces de “no ver” lo que sea. Y esa es la trampa: las experiencias agradables también nos sacan de nuestro centro, es decir “se nos va la castaña”. Y cuando nos damos cuenta del error, ya estamos demasiado “pillados”.

Es preciso tener el valor –y la conciencia- de tomarse las cosas con calma y tratar de afrontar cualquier aspecto negativo. Saber definir límites entre “yo y el otro”, entre mis valores y necesidades y las de la otra persona.

Dr. Alex Santos Forrellad

miércoles, 5 de agosto de 2009

Potencia tu autoestima

Más allá del significado de la palabra autoestima, hay un sentimiento intenso de conexión con uno mismo, que nos da la certeza de que somos capaces y merecemos conseguir nuestros objetivos. Este sentimiento está siempre ahí dentro, sólo que a veces lo olvidamos. Queda atrapado bajo una capa de emociones, pensamientos y sensaciones de malestar, provocados por las frustraciones y pequeños (o grandes) traumas de cada día.

Por lo tanto, aunque perdamos temporalmente esa conexión, lo que llamamos autoestima está siempre ahí. Pero hay que ir a por ella, hay que hacer algo para cuidarla y hacerla crecer.

Aumentar la autoestima es una cuestión de cambiar el estado mental. Y mantener ese estado en circunstancias adversas requiere práctica. En coaching hay una habilidad denominada Patrocinio (Sponsoring) que ayuda a potenciar el sentimiento de identidad y mejorar la relación con uno mismo.

Tenemos tendencia a tratarnos a nosotros mismos aún peor de lo que la vida nos trata (como si “nos echáramos bronca” por no cumplir nuestras expectativas).

El coaching para mejorar la autoestima consiste en calmar la mente y conectar con nuestros sentimientos profundos. Podemos descubrir que quizá una parte de nosotros ha sido despreciada y olvidada. Entonces, la actitud más adecuada es escuchar esa parte y aceptar cualquier cosa que nos quiera decir. En el fondo, se trata de afrontar el miedo y la sensación de no valer nada, pero de una manera relajada y natural. Finalmente surge una sensación de liberación, la confianza de que hay otra inteligencia en lo más profundo de uno mismo.

Tú puedes. Tú mereces conseguirlo...


Y eso es así porque eres importante, tú vales, eres único. Formas parte de todo y tienes tu aportación personal a la vida. Así pues, considérate bienvenido.

Pero no basta con cambiar el estado mental. Eso es sólo el primer paso. El siguiente es pasar a la acción. Y aceptar el resultado, sea el que sea. De este modo, continúa el proceso natural de aprendizaje que representa la vida.

Dr. Alex Santos Forrellad